ESCÁNDALO “RENUNCIARON” AL DIRECTOR DE ONCOLOGÍA

Las alertas que habían surgido en algunos medios locales y en tuits de profesionales vinculados a Oncología, sobre presiones al doctor Diego Saluzzi para que dejara su cargo de director del Hospital Provincial de Oncología, parecen haberse confirmado con su alejamiento en estas horas.​

Según pudo saber Cadena 103, a las ya difundidas “apretadas” a Saluzzi de parte del director de Región Sanitaria IX, Ramiro Borzi, acompañado por el director del Hospital Municipal, Fernando Alí, se le habrían sumado llamadas intimidantes de un funcionario provincial que actúa como brazo ejecutor en este tipo de acciones, de nombre Agustín López. Finalmente, el propio director provincial de Hospitales, Juan Sebastián Riera, fue quien le pidió directamente que dejara el cargo, a pesar de haberlo respaldado hace apenas dos meses, cuando surgieron los primeros trascendidos en medios de comunicación.​

En esta vorágine de presiones, al ahora exdirector de Oncología le habrían llegado a decir que, si no renunciaba, “se le armaría una causa”. Ante ese nivel de amenazas, Saluzzi prácticamente se habría quedado sin margen de maniobra para sostenerse en el puesto. Así presentó su renuncia, luego de que hiciera lo mismo otro director asociado, el médico Edgardo Martel, también de Oncología, con quien había asumido este desafío hace dos años.​


¿Por qué tanto interés en desplazar a Saluzzi?

Cadena 103 investigó los motivos y, en primer lugar, aparece la negativa de Saluzzi a firmar el tratamiento de residuos patogénicos que provendrían del Hospital Municipal y de los que se haría cargo la Provincia a través del Hospital de Oncología.​

Mientras Oncología genera alrededor de mil kilos anuales de residuos patogénicos, el sistema de salud municipal debe desechar unos 23 mil kilos mensuales. La reducción de estos desperdicios está a cargo de un efector privado, al que se le paga por ese servicio. Entonces, la pregunta es inevitable: ¿cómo se justificaría semejante incremento en volumen y costos para Oncología ante una futura auditoría?

La negativa de Saluzzi a firmar y asumir esa responsabilidad habría disparado la necesidad política de “alejarlo” de sus funciones.​


Una maniobra sin respaldo administrativo

Hasta el momento, no se conoce otra instancia administrativa, como una disposición o un decreto. Todo quedaría sostenido solo por la firma del director de Oncología, quien, ante un eventual cuestionamiento legal, quedaría “colgado del pincel”: responsable absoluto de una irregularidad y de una falsificación informativa con impacto económico, como mínimo.​

En ese escenario, otra pregunta clave aparece: si la Provincia “incrementa” en esa proporción su costo por el tratamiento de residuos patogénicos, ¿el Municipio seguiría facturando por un servicio que ya no presta?​


Acefalía, malestar interno y liderazgo a distancia

Hoy el Hospital de Oncología se encontraría en un preocupante estado de acefalía de hecho: la conducción formal recaería en una directora adjunta sin firma, la doctora Lourdes Acosta, referenciada en el mismo círculo político que el director del Hospital Municipal, Fernando Alí, con quien habría compartido gestión en el PAMI de Mar del Plata. En los hechos, el hospital más sensible de la ciudad podría estar funcionando sin una autoridad plenamente legitimada, con capacidad formal para decidir y hacerse responsable de cada acto administrativo.​

En los pasillos, el diagnóstico interno que algunos describen sería tan claro como inquietante: se combinarían incertidumbre, temor y desgaste. Parte del personal señalaría un clima de hostilidad y verticalismo que, lejos de ordenar el trabajo, parecería disciplinar el disenso y apagar cualquier intento de plantear problemas estructurales. No se trataría solo de una crisis de nombres propios, sino de una posible crisis de conducción que impactaría en la motivación de equipos que trabajan, precisamente, con los pacientes más vulnerables del sistema de salud.​

A ese cuadro se sumaría una versión que, de confirmarse, agravaría las tensiones: la directora adjunta mantendría cargos operativos en la Ciudad de Buenos Aires, lo que dificultaría su presencia física constante en Olavarría y el seguimiento cotidiano de las problemáticas del hospital. En particular, se señala que trabajaría horas de guardia los fines de semana en el Hospital Pirovano de CABA, en un esquema que podría no ajustarse al régimen de dedicación y a los convenios vigentes para quienes detentan cargos de conducción en la Provincia.

Ese supuesto “liderazgo a distancia” no sería un detalle menor: en un contexto de conflicto, falta de recursos y decisiones sensibles, la conducción requeriría presencia diaria, escucha activa y compromiso exclusivo con la realidad local. Cuando la cabeza del organismo repartiría su tiempo —y posiblemente sus lealtades— entre distintas jurisdicciones, el mensaje que bajaría hacia los equipos sería el de una conducción intermitente, percibida como más preocupada por sostener múltiples cargos que por ordenar un hospital que, según distintas fuentes, podría estar funcionando al borde del colapso organizacional.​

En esas condiciones, no resultaría llamativo que muchos trabajadores manifestaran que su compromiso se siente “asfixiado”. Entre presuntas amenazas, cambios de nombres en la dirección, silencios oficiales y una conducción que no siempre estaría presente, el riesgo que se vislumbra es que el Hospital de Oncología termine dependiendo más de la inercia y del esfuerzo individual del personal que de una política sanitaria seria, transparente y efectivamente presente en el territorio.

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