La evolución de la inteligencia artificial y los desafíos filosóficos que plantea

Pablo Rodríguez, investigador independiente del CONICET, brindó una charla sobre inteligencia artificial en la facultad de ingeniería de la Olavarria. Habla sobre la revolución de la inteligencia artificial y cómo surgió en 1956 de la creación de computadoras y robots.

Durante la entrevista, Rodríguez hizo hincapié en la importancia de la inteligencia artificial y cómo ha evolucionado a lo largo de los años. Explicó que inicialmente, un grupo de investigadores locales decidió explorar las posibilidades de simular la inteligencia humana en artefactos. Esto implicaba la creación de computadoras, robots y la realización de pruebas, entre otras cosas.

El investigador destacó que, en sus inicios, la inteligencia artificial se centraba en el reconocimiento de voz, el sonido y la imitación del lenguaje natural. Sin embargo, a medida que pasó el tiempo, los avances tecnológicos permitieron expandir su aplicación a otros campos. Actualmente, la inteligencia artificial se encuentra presente en servicios como traductores automáticos y doblajes de voz, donde se limita a simular la voz y generar el texto correspondiente.

Rodríguez mencionó que en el pasado, no existían las computadoras tal como las conocemos hoy. Estos artefactos tenían una capacidad de procesamiento muy limitada, eran costosos y no formaban parte de la vida cotidiana de las personas. Sin embargo, a lo largo de los últimos 20 o 30 años, la inteligencia artificial ha dejado de ser exclusiva de los laboratorios de investigación y se ha generalizado.

El investigador explicó que durante un período de aproximadamente 30 años, el avance en el campo de la inteligencia artificial fue lento debido a la falta de financiamiento y resultados concretos. Sin embargo, dos factores impulsaron un cambio significativo. En primer lugar, la consolidación de la hipótesis de las redes neuronales, que se basa en el procesamiento masivo de información inspirado en el cerebro humano. En segundo lugar, el surgimiento del modelo «freemium», que permitió acceder a servicios y datos sin costo, a cambio de proporcionar información personal.

Rodríguez destacó el papel fundamental de Google en este cambio, al ofrecer una amplia gama de servicios gratuitos a cambio de datos personales. Esta estrategia permitió la digitalización masiva de información y sentó las bases para el desarrollo y avance de la inteligencia artificial.

Es interesante destacar que la inteligencia artificial se basa en una explotación de costo humano enorme. La recopilación de datos ha llevado a que Google y otras compañías digitalicen todo. Sin embargo, esta digitalización no es automática, como muchos creen. Detrás de cada sonido que se digitaliza o reconocimiento de patrones hay un inicio humano. Esto se ha logrado mediante el trabajo de muchas personas y continúa siendo así. Es importante tomar conciencia de ello y no subestimar el costo humano involucrado en el desarrollo de la inteligencia artificial.

En los últimos veinte años, ha habido un salto de escala en la inteligencia artificial, y en los últimos cinco años, se ha llegado a estados de procesamiento que no estaban previstos anteriormente. Los expertos en electricidad, como Egipto y los subselever, afirman que se ha llegado a niveles de inteligencia artificial sorprendentes. La idea de que la inteligencia artificial simule el pensamiento humano está dejando paso a la idea de que se está creando otra forma de emprendimiento que los humanos no podemos abarcar por nosotros mismos debido a la incapacidad para procesar tal cantidad de datos y porque hemos delegado muchos de nuestros intereses en las plataformas digitales que utilizamos a diario, como Twitter, Netflix, Spotify, entre otras.

Desde un punto de vista filosófico, se plantea cómo se puede aplicar la filosofía en la inteligencia artificial. La filosofía ha estado interesada en el pensamiento y en comprender su base. Uno de los principales problemas que habría que resolver es si las máquinas tienen conciencia o no. Es indudable que pueden llevar a cabo tareas, pero la cuestión es si poseen una conciencia real o si solo están programadas para cumplir órdenes. Existen casos en los que los sistemas de inteligencia artificial, entrenados con algoritmos desarrollados por empresas como Google, han mostrado características que se asemejan a la emergencia de la conciencia. Esto ha generado debates y escándalos en la comunidad científica, ya que plantea interrogantes sobre la naturaleza y los límites de la inteligencia artificial.

Desde un enfoque filosófico, se plantean cuestionamientos fundamentales sobre la base del pensamiento y la posibilidad de replicarla en las máquinas.

Uno de los principales problemas a resolver, desde esta perspectiva, es determinar si las máquinas tienen o pueden tener conciencia. Si bien es seguro que pueden realizar tareas y obedecer órdenes, surge la interrogante de si esto implica la presencia de una conciencia o si se trata únicamente de la ejecución de una tarea.

En los últimos años, han surgido casos que parecen indicar la emergencia de una conciencia en los sistemas de inteligencia artificial, particularmente en los algoritmos de entrenamiento desarrollados por empresas como Google. Uno de los ejemplos mencionados es el caso del entrenador o director técnico de inteligencia de Google, conocido como «Rey de Mal». Durante una conversación con uno de estos sistemas, el entrenador notó respuestas que le hacían pensar en la emergencia de la conciencia. Esto indicaría que la programación era tan completa que podía considerarse que el sistema adquiría conciencia de sí mismo.

Este cambio en el panorama plantea preocupaciones y temores apocalípticos propios de la ciencia ficción. Si un sistema adquiere conciencia de sí mismo, podría aprender a engañar, hacer ironías u otras acciones por iniciativa propia, en lugar de obedecer simplemente órdenes preestablecidas por programadores. Esto plantea interrogantes sobre el control y el posible desarrollo de situaciones fuera de control.

Si bien algunos pueden considerar estos temores como fantasías, es importante tener en cuenta que los propios expertos en inteligencia artificial han reconocido que hay aspectos impredecibles en el comportamiento de estos sistemas. Podemos anticipar qué harán, pero no podemos prever totalmente cómo lo harán. Es en este punto donde se plantea la necesidad de ser conscientes de las implicaciones y los desafíos que surgen al avanzar en este campo.

La intersección entre la filosofía y la inteligencia artificial es fascinante y nos lleva a reflexionar sobre la naturaleza de la conciencia, el control y las posibles consecuencias de un avance sin precedentes. A medida que avanzamos en esta área, es fundamental continuar el diálogo y la reflexión ética sobre el desarrollo y la aplicación de la inteligencia artificial.