Maite Salerno, presidente del grupo Familias TDAH Olavarría, quien compartió con nosotros una preocupante situación que están atravesando algunos estudiantes con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en la ciudad. El grupo, que también abarca otras condiciones de neurodesarrollo, ha presentado un comunicado repudiando esta situación y demandando una solución. ¿Qué está sucediendo con la integración de estos niños en las escuelas?
Maite Salerno nos brinda detalles al respecto. Según Maite, este problema no es nuevo, ya que algunos casos llevan más de un año y medio sin obtener una respuesta satisfactoria. El grupo Familias TDAH busca una atención y adaptación cuidadosa para sus hijos, considerando las necesidades específicas de cada uno. El reclamo no va dirigido a los establecimientos educativos ni a los docentes, sino a la Inspección, que es responsable de autorizar o rechazar las solicitudes de integración presentadas por los profesionales de la salud. Es fundamental contar con la opinión y el diagnóstico de un especialista en salud, quien determina las adaptaciones y el acompañamiento terapéutico necesarios para la integración educativa. Sin embargo, estas necesidades no están siendo atendidas de manera adecuada, lo cual genera una gran preocupación entre las familias del grupo.
Maite también menciona un episodio ocurrido el año pasado, donde intentaron comunicar sus inquietudes de forma sutil, esperando ser convocados como se les había prometido desde marzo. Sin embargo, recibieron respuestas desalentadoras por parte de una directora de una escuela especial, quien desestimó el diagnóstico emitido por el Fleming, un reconocido centro médico de la Ciudad de Buenos Aires. Este incidente refleja una falta de consideración hacia el trabajo de los profesionales de la salud y la necesidad de un sistema de salud más eficiente.
La situación se agrava cuando se toman decisiones que afectan la trayectoria educativa de los niños sin la debida explicación a los padres. En algunos casos, los niños son enviados a escuelas especiales sin que se les informe sobre las implicaciones de dicho cambio. Esto genera confusión e incertidumbre en las familias, especialmente para aquellos que no están familiarizados con el funcionamiento del sistema educativo.
Las Familias TDAH demandan respuestas concretas y soluciones por parte de la Inspección, así como un trabajo en conjunto para garantizar la educación inclusiva de sus hijos. También destacan la importancia de brindar capacitación docente y reconocer que el TDAH y otras condiciones de neurodesarrollo no son cuestiones ideológicas, sino temas que afectan a toda la sociedad.
Maite nos relata el caso de una directora de una escuela que consideraba que un niño con TDAH había mostrado avances significativos. Sin embargo, para sorpresa de todos, este año no se le permitió contar con la compañía terapéutica que tanto necesitaba. Aunque Maite no ha experimentado personalmente esta situación con su hijo, la inquietud y la empatía hacia el resto del grupo la impulsan a compartir esta preocupación. Uno de los aspectos que más desconcierto genera en el grupo Familias TDAH Olavarría es el criterio utilizado para determinar cuándo se deben reconocer y felicitar a las escuelas que han mostrado mejoras en su trabajo con estudiantes con TDAH.
Maite se pregunta cuál es el límite para celebrar estos avances y qué indicadores se están utilizando para evaluar el progreso. Reconoce la importancia de reconocer el esfuerzo de las escuelas, pero también considera fundamental establecer criterios claros y consistentes.
En el mes de marzo, el grupo presentó un listado de casos que requerían la presencia de un maestro integrador. Sin embargo, solo se contactó a dos o tres padres para autorizar esta asignación, dejando a muchos estudiantes sin el apoyo necesario. Además, se ha observado que los maestros integradores tienen a su cargo una cantidad excesiva de alumnos, llegando en algunos casos a dieciocho, cuando lo recomendado es tener entre tres o cuatro casos. Esta sobrecarga tanto para los docentes como para los establecimientos educativos limita la calidad de la atención que se les puede brindar a los estudiantes.
Maite enfatiza que no se puede responsabilizar ni a los docentes ni a los médicos, ya que también están sobrecargados. La falta de cargos y la falta de capacitación adecuada para los docentes de las escuelas comunes son factores que contribuyen a esta situación. Además, menciona que existe un plan nacional de protección integral para el TDAH, pero se percibe que los procesos son lentos y que las adecuaciones no se implementaron en el plazo esperado.
En marzo se les solicitó que esperaran unos días para convocar a una reunión donde podrían hablar como familia. Maite ha intentado comunicarse con varios inspectores, pero hasta la fecha no ha recibido respuesta. Además, ha habido repercusiones negativas hacia las familias que forman parte del grupo, incluyendo situaciones en las que se contactó a una familia individualmente, desestimando así la naturaleza colectiva del grupo.
Una de las familias con la que Maite ha tenido un contacto constante es aquella que ha estado luchando y visitando tanto el establecimiento educativo como la inspección casi todas las semanas. Su hijo no solo tiene una condición, sino una discapacidad muy delicada, y desconocen hasta qué punto podrán llegar en su desarrollo. Han recibido respuestas crueles, como decirles que lo enviarán a una escuela especial para aprender un oficio. Los padres viven con la angustia de no saber qué les deparará el futuro de su hijo. Estos son temas muy delicados y las respuestas insensibles solo aumentan la angustia de las familias.
Cuando Maite ha hablado con las autoridades de la inspección, les ha pedido, sobre todo, empatía hacia las familias. Detrás de la burocracia y la autorización o no autorización, hay una familia con un diagnóstico y un día a día que enfrentar. Cuando se les brinda una respuesta, es importante elegir cuidadosamente las palabras, ya que eso puede dejar a la familia angustiada. Estas familias trabajan diariamente con sus hijos y asisten a terapias todos los días. Cuidar de un niño con una condición requiere un desgaste considerable en la familia. Por lo tanto, es necesario que las respuestas, aunque sean negativas, se den con empatía y comprensión por parte de los profesionales involucrados, ya sean docentes o inspectores.
Maite compartió algunas anécdotas que evidencian las dificultades que han enfrentado estas familias. En un caso, a una familia se le citó al juzgado por la mañana para discutir el futuro de su hijo, pero una inspección les informó que la reunión se suspendía y que ellos decidirían si el niño sería enviado a una escuela especial o no. Por la tarde, la inspectora regional de escuelas privadas llamó a la familia para decirles que el problema estaba resuelto. Ante esta situación, la familia se pregunta si los han engañado o manipulado.
En otro caso, una familia esperó durante un año por el Plan de Proyecto Integrador (PPI) y ahora, en junio, les informan que es muy probable que el próximo año el niño sea trasladado a una escuela especial.
Estas historias muestran la complejidad y las dificultades a las que se enfrentan las familias del grupo Familias TDAH Olavarría. Maite enfatiza la importancia de brindar apoyo y comprensión a estas familias, así como de mejorar la comunicación y la empatía por parte de los profesionales y autoridades educativas involucradas.
Maite Salerno, integrante del grupo Familias TDAH, ella menciona que es más fácil atacar a las familias y a sus voces, porque son los más vulnerables. Señala que esto es un análisis que hace desde afuera y que se está olvidando que en el medio están los niños, quienes tienen derechos fundamentales. A Maite le molesta especialmente que en la Cámara de Diputados se esté discutiendo una ley sobre el TDAH y la capacitación docente, como si fuera una cuestión ideológica. Ella enfatiza que el TDAH no es una cuestión ideológica, sino un tema que afecta a todos, al igual que el autismo y cualquier otra condición de aprendizaje.
Maite también menciona que ha habido casos en los que desde el grupo han llamado para preguntar si son limitantes, a pesar de que las reglas del grupo prohíben hablar de política, religión o venta de productos. Ella aclara que, antes que ser concejal o hacer política, es madre y paciente. Su prioridad es su hijo con TDAH y su propia condición. Si esto no se tiene en cuenta, si no se considera el dolor que atraviesa como familia, y se critican los diagnósticos de los profesionales, se genera mucha angustia.
En la reunión a la que hace referencia, estaban presentes directores de escuelas dispuestos a trabajar en el tema, así como profesionales de la salud que querían aprender del neurólogo que dio los diagnósticos. Maite destaca la importancia de trabajar en conjunto y solicita que se convoque a todos para colaborar en la solución. Menciona la falta de cargos y la necesidad de capacitación docente, y pide que se apruebe la ley correspondiente.
